Imagen de la Semana

La belleza de lo sencillo, en apariencia.

Escrito por Evaristo Alfaro Gómez.

 
 
 

Parece una vulgar carta de las pocas que hoy en día se reciben franqueadas con sellos. Y que recuerdan a las cartas de antaño.

 

Y lo es.

 

Parece una carta de las que se ha dado en llamar filatélica.

 

Y lo es.

 

Parece una carta sencilla y bella de obtener.

 

¿Y lo es?

 

Quizá sí, o quizá no. Veamos

 

Para que una carta así llegue a las manos del coleccionista, tiene que existir todo un proceso que en nada es sencillo. Todo lo contrario.

 

Alguien tiene que tener una idea de emitir un sello personalizado; Luego, buscar un motivo; encontrar una imagen que sirva para el motivo elegido y que esté libre de derechos y se pueda reproducir, en caso alternativo, puede realizar él mismo la fotografía; y preparar la composición de la imagen, con los textos adecuados, para que pueda ser reproducirá en el sello. Realizar la petición oportuna al Servicio Filatélico de Correos; escoger la tarifa del sello a emitir, decidir el número de sellos pedidos y abonar su coste. Recibir el pedido y comprobar que todo está conforme.

 

Después, ya desde un punto de vista postal, tiene que adherir el sello a una carta; desplazarse a una sucursal de Correos; esperar a ser atendido; pedir al empleado (se supone que conocido) el estampado del matasellos lo más limpio y claro posible; confiar en que el envío sea contenerizado de forma adecuada para que, al pasar por el CTA correspondiente, no se le vuelva a matasellar y únicamente lo indexen a destino.

 

Y que todo ello ocurra sin errores, que la carta no sufra deterioro y que el cartero la reparta sin demora y de forma adecuada.

 

Y sí, será muy filatélica. Pero es bonita y sencilla, dentro de la complicación y dificultad de su consecución. Me gusta.

 

Gracias a todos los que la han hecho posible. Y lo mejor para ello es hacerla pública.



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